La Matemática es para siempre
La
Matemática es para siempre
Eduardo Sáenz de Cabezón
Pappus
de Alejandría, en el año 300 dijo que lo mejor era usar hexágonos, como hacen
las abejas. ¡Pero no lo demostró! El tío dijo "¡hexágonos, uh, lo peta,
venga, hexágonos, dámelo!" No lo demostró, se quedó en una conjetura, dijo
"¡Hexágonos!" El mundo, como sabéis, se dividió entre pappistas y
anti-pappistas, hasta que 1700 años después, 1700 años después, en 1999 Thomas
Hales demostró que Pappus y las abejas llevaban razón, que lo mejor es usar
hexágonos. Y eso se convirtió en un teorema, el teorema del panal, que va a ser
verdad para siempre, siempre jamás, más que cualquier diamante que tengas.
¿Pero qué pasa si vamos a 3 dimensiones?
Si quiero llenar el espacio, con piezas iguales, sin dejar huecos, puedo usar cubos,
¿verdad? Esferas no, que dejan huequitos. ¿Cuál es la mejor pieza que puedo
usar? Lord Kelvin, el de los grados Kelvin y todo eso, ese dijo que lo mejor
era usar un octaedro truncado que como todos sabéis ¡Es esto de aquí!
Eduardo Sáenz de Cabezón
Os lo podéis imaginar: estáis en un bar
y, sabes, o en una discoteca, todo eso, y te pones a hablar y al rato, pues,
sale en la conversación "¿y tú en qué trabajas?" Y como piensas que
tu trabajo es interesante, le dices "Soy matemático".
Cuando esa conversación sigue,
invariablemente en algún momento aparece una de estas 2 frases:
A) "Yo es
que era fatal con las matemáticas, pero no era culpa mía, es que el profesor
era horroroso".
B) "¿Pero eso de las matemáticas
para qué sirve?"
Me ocuparé del caso B. Cuando alguien te
pregunta para qué sirven las matemáticas, no te está preguntando por
aplicaciones de las ciencias matemáticas. Te está preguntando: "¿Y yo por
qué tuve que estudiar esa mierda que no volví a usar nunca?" Es lo que te
está preguntando realmente.
Ante esto, cuando a un matemático le
preguntan para qué sirven las matemáticas, los matemáticos nos dividimos en
grupos. Un 54,51 % de los matemáticos toma una postura al ataque, y un 44,77 %
de los matemáticos toma una postura a la defensiva. Hay un 0,8 %, raro, entre
los que me incluyo. ¿Qué son los del ataque? Los del ataque son matemáticos que
te dicen que esa pregunta no tiene sentido, porque las matemáticas tienen un
sentido propio en sí mismas, son un edificio bellísimo que tiene una lógica
propia que se construye y que no hace falta que uno esté siempre mirando las
posibles aplicaciones. ¿Para qué sirve la poesía? ¿Para qué sirve el amor?
¿Para qué sirve la vida misma? ¿Qué pregunta es esa?
Hardy, por ejemplo, es un exponente de
este ataque. Y los que están a la defensiva te dicen que aunque no te des
cuenta, cariño, las matemáticas están detrás de todo. Estos siempre nombran,
siempre, nombran los puentes y las computadoras. Si no sabes matemática se te
cae el puente. Realmente las computadoras son todo matemáticas. Ahora a estos
les ha dado también por decirte que detrás de la seguridad informática y las
tarjetas de crédito están los números primos. Estas son las respuestas que te
va a dar tu profe de matemática si le preguntas. Es de los de la defensiva.
Vale, pero ¿y quién lleva razón? ¿Los que
dicen que las matemáticas no tienen por qué servir para nada, o los que dicen
que realmente está detrás de todo? Realmente tienen razón los dos.
Pero os he dicho que yo era de ese 0,8 %
raro que dice otra cosa, ¿verdad? Así que, vale, preguntadme para qué sirven
las matemáticas. (El público pregunta) ¡Vale! Un 76,34 % de la gente ha
preguntado, hay un 23,41 % que se ha callado, y un 0,8 % que yo no sé lo que
están haciendo esos. Bueno, querido 76,31%, las matemáticas es verdad que no
tienen por qué servir para nada, es verdad que son un edificio precioso, un
edificio lógico, probablemente uno de los mayores esfuerzos colectivos que el
ser humano ha hecho a lo largo de la historia.
Pero también es verdad que allá donde los
científicos, donde los técnicos, andan buscando teorías matemáticas, modelos
que les permitan avanzar, ahí están, en el edificio de las matemáticas, que lo
permean todo. Es verdad que tenemos que ir algo más al fondo, vamos a ver qué
hay detrás de la ciencia. La ciencia funciona por intuición, por creatividad, y
las matemáticas doman la intuición y doman la creatividad. A casi todo el mundo
que no lo ha oído antes le sorprende que si uno cogiera una hoja de papel de
0,1 mm de grosor, esas que utilizamos normalmente, lo suficientemente grande, y
la pudiera doblar 50 veces, el grosor de ese montón ocuparía la distancia de la
Tierra al Sol. Tu intuición te dice: "Eso es imposible". Echa las
cuentas y verás que sí. Para eso sirven las matemáticas.
Es verdad que la ciencia, toda la
ciencia, solamente tiene sentido porque nos hace comprender mejor el mundo este
hermoso en el que estamos. Y porque nos hace, nos ayuda a sortear las trampas
del mundo este doloroso en el que estamos. Hay ciencias que tocan esa
aplicación con la mano. La ciencia oncológica, por ejemplo. Y hay otras que la
miramos desde lejos, con envidia a veces, pero sabiendo que somos su soporte.
Todas las ciencias básicas son el soporte de aquellas, y entre ellas las
matemáticas. Todo lo que hace a la ciencia ser ciencia es el rigor de la
matemática. Y ese rigor les viene porque sus resultados son eternos.
Seguramente han dicho, o os han dicho alguna vez, que un diamante es para
siempre, ¿verdad? ¡Depende lo que uno entienda por siempre!
¡Un teorema, eso sí que es para siempre!
El teorema de Pitágoras, eso es verdad aunque se haya muerto Pitágoras, te lo
digo yo. Aunque se hunda el mundo el teorema de Pitágoras seguiría siendo
verdad. Allá donde se junten un par de catetos y una buena hipotenusa el
teorema de Pitágoras funciona a tope, a tope.
Bueno, los matemáticos nos dedicamos a
hacer teoremas. Verdades eternas. Pero no siempre es tan fácil saber qué es una
verdad eterna, un teorema, y qué es una mera conjetura. Hace falta una
demostración.
Por ejemplo: imaginaos que tengo aquí un
campo grande, enorme, infinito. Lo quiero cubrir con piezas iguales, sin dejar
huecos. Podría usar cuadrados, ¿verdad? Podría usar triángulos. Círculos no,
que dejan huequitos. ¿Cuál es la mejor pieza que puedo usar? La que para cubrir
la misma superficie tiene un borde más pequeño.
Pappus
de Alejandría, en el año 300 dijo que lo mejor era usar hexágonos, como hacen
las abejas. ¡Pero no lo demostró! El tío dijo "¡hexágonos, uh, lo peta,
venga, hexágonos, dámelo!" No lo demostró, se quedó en una conjetura, dijo
"¡Hexágonos!" El mundo, como sabéis, se dividió entre pappistas y
anti-pappistas, hasta que 1700 años después, 1700 años después, en 1999 Thomas
Hales demostró que Pappus y las abejas llevaban razón, que lo mejor es usar
hexágonos. Y eso se convirtió en un teorema, el teorema del panal, que va a ser
verdad para siempre, siempre jamás, más que cualquier diamante que tengas.
¿Pero qué pasa si vamos a 3 dimensiones?
Si quiero llenar el espacio, con piezas iguales, sin dejar huecos, puedo usar cubos,
¿verdad? Esferas no, que dejan huequitos. ¿Cuál es la mejor pieza que puedo
usar? Lord Kelvin, el de los grados Kelvin y todo eso, ese dijo que lo mejor
era usar un octaedro truncado que como todos sabéis ¡Es esto de aquí!
¡Vamos! ¿Quién no tiene un octaedro
truncado en casa? Aunque sea de plástico.
Nene, trae el octaedro truncado, que
vienen visitas. ¡Todo el mundo tiene! Pero Kelvin no lo demostró. Se quedó en
una conjetura, la conjetura de Kelvin. El mundo como sabéis, se dividió entre
kelvinistas y anti-kelvinistas hasta que ciento y pico años después, ciento y
pico años después, alguien encontró una estructura mejor.
Weaire
y Phelan encontraron esta cosita de aquí, esta estructura a la que pusieron el
imaginativo nombre de estructura de Weaire y Phelan. Parece una cosa rara pero
no es tan rara, también está presente en la naturaleza. Es muy curioso que esta
estructura, por sus propiedades geométricas, se utilizó para construir el
edificio de la natación en los Juegos Olímpicos de Pekín.
Allá
Michael Phelps ganó 8 medallas de oro, se convirtió en el mejor nadador de
todos los tiempos. Bueno, de todos los tiempos hasta que salga otro mejor, ¿no?
Cómo le pasa a la estructura de Weaire y Phelan, es la mejor hasta que salga
otra mejor. Pero cuidado, porque esta sí que tiene la oportunidad, de que
aunque pasen ciento y pico años, aunque sea dentro de 1700 años, alguien
demuestra que esta es la mejor pieza posible. Y entonces será un teorema, una
verdad para siempre, siempre jamás. Más que cualquier diamante.
Así que, bueno, si queréis decirle a
alguien que le queréis para siempre le podéis regalar un diamante, pero si le
queréis decir que le queréis para siempre, siempre, ¡regaládle un teorema!
Eso sí, quieto, lo tendréis que
demostrar, que vuestro amor no se quede en conjetura.





Muy bueno, sobre todo lo de la hoja de papel. Sigue escribiendo, me gusta seguir blogs interesantes.
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