Cómo los grandes líderes
inspiran acción
Simon Sinek:
¿Cómo se explica cuando
las cosas no salen como se supone? O mejor, ¿cómo se explica cuando otros son
capaces de lograr cosas que parecen desafiar todas las hipótesis? Por ejemplo:
¿Por qué Apple es tan innovador? Año tras año, tras año, tras año, son más innovadores
que toda su competencia. Y, sin embargo, son sólo una empresa de computadoras.
Son como todas los demás. Tienen el mismo acceso a los mismos talentos, las
mismas agencias, los mismos consultores, los mismos medios. ¿Entonces por qué
es que parecen tener algo diferente? ¿Por qué es que Martin Luther King dirigió
el movimiento de derechos civiles? No fue el único hombre que sufrió la era
previa a los derechos civiles en EE.UU. Y ciertamente no era el único gran
orador del momento. ¿Por qué él? ¿Y por qué es que los hermanos Wright fueron
capaces de idear los vuelos tripulados autopropulsados cuando ciertamente había
otros equipos mejor calificados, mejor financiados que no lograron un vuelo
tripulado y los hermanos Wright tomaron la delantera? Aquí hay algo más en
juego.
Hace unos tres años y
medio descubrí algo y este descubrimiento cambió profundamente mi visión sobre
cómo funcionaba el mundo, incluso cambió profundamente mi manera de actuar en
él. Resulta ser que hay un patrón: al parecer, todos los grandes líderes que
inspiran y las organizaciones en el mundo, se trate de Apple, de Martin Luther
King o de los hermanos Wright, todos piensan, actúan y se comunican exactamente
de la misma manera. De manera opuesta a todos los demás. Todo lo que hice fue
codificarlo. Y probablemente sea la idea más simple del mundo. Lo llamo
"El círculo de oro".
¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué?
Esta pequeña idea explica por qué algunas organizaciones y algunos líderes
pueden inspirar mientras que otros no. Permítanme definir los términos muy
rápidamente. Cada persona, cada organización del planeta sabe lo que hace en un
100%. Algunas saben cómo lo hacen: llámese propuesta de valor agregado, proceso
patrimonial, o PUV (Propuesta Única de Venta). Pero muy, muy poca gente u organizaciones
saben por qué hacen lo que hacen. Y cuando digo "por qué" no me
refiero a "ganar dinero". Eso es un resultado. Siempre lo es. Con
"por qué" quiero decir: ¿cuál es el propósito? ¿Cuál es la causa?
¿Cuál es la creencia? ¿Por qué existe la compañía? ¿Cuál es la razón para
levantarse cada mañana? ¿Y por qué debería importarle a alguien? Bueno, como
resultado, nuestra manera de pensar y actuar, nuestra manera de comunicarnos,
es de afuera hacia adentro. Es obvio. Vamos de lo más definido a lo más difuso.
Pero los líderes inspirados y las organizaciones inspiradas sin importar su
tamaño, sin importar su rubro, todos piensan, actúan y se comunican desde
adentro hacia afuera.
Les voy a dar un
ejemplo. Yo uso Apple como ejemplo porque se entiende fácilmente. Si Apple
fuera como todas las demás, su mensaje de mercadeo diría algo así:
"Fabricamos computadoras geniales. Están muy bien diseñadas, son sencillas
y fáciles de usar. ¿Quieres comprar una?" No. Y así es como la mayoría de
nosotros se comunica. Así se hace la mayoría del mercadeo y de las ventas. Así
es la comunicación interpersonal para la mayoría de nosotros. Decimos lo que
hacemos, decimos cuán diferentes o mejores somos y esperamos un determinado
comportamiento: una compra, un voto, algo así. Esta es nuestra nueva firma de
abogados. Tenemos los mejores abogados, tenemos los clientes más grandes.
Siempre le respondemos a nuestros clientes comerciales. Este es nuestro nuevo
auto. Tiene mucha autonomía, asientos de cuero. Compre nuestro auto. Pero es poco
inspirador.
Apple realmente se
comunica así: "En todo lo que hacemos, creemos en el cambio del status
quo. Creemos en un pensamiento diferente. La manera como desafiamos el status
quo es haciendo productos muy bien diseñados, sencillos y fáciles de usar. Sencillamente
hacemos computadoras geniales. ¿Quiere comprar una?" Completamente
diferente, ¿verdad? Está listo para comprarme una computadora. Todo lo que hice
fue invertir el orden de la información. Esto demuestra que la gente no compra
lo que uno hace; la gente compra el porqué uno lo hace. La gente no compra lo
que uno hace sino el porqué uno lo hace.
Esto explica por qué
todas las personas en esta sala se sienten tan cómodas comprando
computadoras de Apple.
Pero también nos sentimos muy a gusto comprando reproductores de MP3 de Apple,
teléfonos de Apple, o un DVR de Apple. Pero como dije antes, Apple es
simplemente una empresa de computadoras. No hay nada que los distinga,
estructuralmente, de sus competidores. Sus competidores están todos igualmente
calificados para fabricar estos productos. De hecho, lo intentaron. Hace pocos
años Gateway sacó televisores de pantalla plana. Están altamente calificados
para hacer televisores de pantalla plana. Han hecho monitores de pantalla plana
durante años. No vendieron ni uno. Dell lanzó reproductores de MP3 y PDA. Y
ellos fabrican productos de muy alta calidad. Y ellos pueden fabricar productos
con muy buen diseño. No vendieron ni uno. De hecho, hablando de eso, ni
remotamente se nos ocurre comprar un reproductor de MP3 de Dell. ¿Por qué
compraría uno un reproductor de MP3 a una compañía de computadoras? Pero lo
hacemos a diario. La gente no compra lo que uno hace; compra el porqué uno lo
hace. El objetivo no es hacer negocio con todos los que necesitan lo que uno tiene.
El objetivo es hacer negocio con la gente que cree en lo que uno cree. Esa es
la mejor parte.
Nada de lo que les estoy
diciendo es mi opinión. Todo está basado en los principios de la biología. No
en psicología, en biología. Si uno mira un corte transversal del cerebro
humano, desde arriba hacia abajo, lo que vé es que el cerebro humano está
dividido en tres componentes principales que se correlacionan perfectamente con
el círculo de oro. Nuestro nuevo cerebro de Homo sapiens, nuestro neocórtex se corresponde
con el nivel "¿qué?". El neocórtex es responsable de todos nuestros
pensamientos racionales y analíticos y del lenguaje. Las dos secciones del
medio forman nuestro cerebro límbico. Y nuestros cerebro límbico es responsable
de nuestros sentimientos como la confianza y la lealtad. También es responsable
del comportamiento humano, de la toma de decisiones y no tiene habilidad para
el lenguaje.
En otras palabras,
cuando nos comunicamos de afuera hacia adentro la gente puede entender gran
cantidad de información complicada, como características, beneficios, hechos y
cifras. Eso no guía el comportamiento. Cuando nos comunicamos de adentro hacia
afuera, estamos hablando directamente con la parte del cerebro que controla el
comportamiento y entonces le permitimos a la gente racionalizarlo con las cosas
tangibles que decimos y hacemos. Aquí se originan las decisiones instintivas.
Ya saben, a veces uno puede darle a alguien todos los hechos y las cifras y
ellos dicen "conozco todos los hechos y detalles, pero siento que algo no
está bien". ¿Por qué usamos el verbo "sentir"? Porque la parte
del cerebro que controla la toma de decisiones no controla el lenguaje. Y lo
mejor que podemos elaborar es: "No sé, siento que algo no está bien".
O en ocasiones uno dice que lo guía el corazón, o que uno tiene un pálpito.
Bueno, odio tener que decirles que esa parte del cuerpo no controla el
comportamiento. Todo sucede aquí en el cerebro límbico, la parte del cerebro
que controla la toma de decisiones y no el lenguaje.
Pero si uno no sabe por
qué hace lo que hace y la gente responde al porqué hacemos lo que hacemos,
entonces, cómo vamos a hacer que la gente vote por uno o nos compre algo o, más
importante, sea leal y quiera ser parte de lo que sea que uno haga. De nuevo,
el objetivo no es venderle a la gente lo que uno tiene; el objetivo es venderle
a la gente que comparte nuestras creencias. El objetivo no es sencillamente
contratar gente que necesita un empleo; es contratar a la gente que crea en lo
mismo que uno. Yo siempre digo, ya saben, si uno contrata gente sólo porque
puede hacer un trabajo, entonces trabajarán por el dinero pero si uno contrata
gente que comparte nuestras creencias, entonces trabajarán poniendo sangre,
sudor y lágrimas. Y no hay mejor ejemplo de esto que el de los hermanos Wright.
Mucha gente no sabe de
Samuel Pierpont Langley. En los albores del siglo xx conseguir el vuelo
tripulado autopropulsado era como el "punto com" de hoy. Todo el
mundo lo estaba intentando. Y Samuel Pierpont Langley tenía lo que suponemos es
la receta del éxito. Quiero decir, incluso hoy uno pregunta "¿Por qué
falló tu producto o tu empresa?" Y la gente siempre responde una variante
de las mismas tres cosas: falta de capital, las personas equivocadas, malas
condiciones de mercado. Son siempre las mismas tres cosas, así que exploremos
eso. El Departamento de Guerra le dio a Samuel Pierpont Langley 50.000 dólares
para que ideara esta "máquina voladora". El dinero no fue un
problema. Él fue asistente en Harvard, trabajaba en el Smithsoniano y tenía
conexiones extremadamente buenas. Conocía a todos las grandes mentes del
momento. Contrató a los mejores que el dinero pudo reunir. Y las condiciones de
mercado eran fantásticas. The New York Times lo siguió a todas partes. Y todo
el mundo estaba a favor de Langley. Entonces, ¿cómo es que nunca oímos hablar
de Samuel Pierpont Langley?
A
unos cientos de kilómetros de distancia en Dayton, Ohio, Orville y Wilbur
Wright, no tenían ningún ingrediente de lo que consideramos como la receta del
éxito. No tenían dinero. Financiaban su sueño con las ganancias de su tienda de
bicicletas. Ninguno en el equipo de los hermanos Wright tenía educación
universitaria, ni siquiera Orville o Wilbur. Y The New York Times no los siguió
a ninguna parte. La diferencia fue que a Orville y Wilbur los guiaba una causa,
un propósito, una creencia. Creyeron que si fueran capaces de idear una máquina
voladora, eso cambiaría el curso del mundo.
Samuel Pierpont Langley
era diferente. Quería ser rico, y quería ser famoso. Estaba en busca del
resultado. Estaba en busca de la riqueza. Y miren lo que sucedió: la gente que
creyó en el sueño de los hermanos Wright trabajó con ellos dejando sangre,
sudor y lágrimas. Los otros sólo trabajaron por la paga. Y cuentan historias de
cómo cada vez que los hermanos Wright salían, debían llevabar consigo cinco
conjuntos de piezas porque esas eran las veces que se estrellarían antes de
regresar para la cena.
Y, eventualmente, el 17
de diciembre de 1903 los hermanos Wright remontaron el vuelo y nadie estaba
allí siquiera para experimentarlo. Nos enteramos de eso unos días más tarde. Y
una prueba más de que a Langley lo movía un interés equivocado, es que el día
que los hermanos Wright remontaron el vuelo, él abandonó. Pudo haber dicho:
"Muchachos, es un descubrimiento asombroso y voy a mejorar su
tecnología", pero no lo hizo. No fue el primero, no se hizo rico, tampoco
famoso, así que abandonó.
La gente no compra lo
que uno hace; compra el porqué uno lo hace. Y si uno habla de sus creencias, atraerá
a los que creen en lo mismo. ¿Pero por qué es importante atraer a los que
comparten nuestras creencias? Por algo llamado "la ley de difusión de la
innovación". Y si uno no conoce la ley, definitivamente conoce la
terminología. El primer 2,5% de nuestra población son nuestros innovadores. El
siguiente 13,5% de nuestra población son los adoptadores tempranos. El próximo
34% son la mayoría temprana, la mayoría tardía y los rezagados. La única razón
por la que esta gente compra celulares táctiles es que ya no venden teléfonos
de disco.
Todos caemos en
distintos lugares en distintos momentos en esta escala, pero lo que nos dice la
ley de difusión de innovación es que si queremos éxito de mercado masivo o que
una idea sea aceptada en el mercado masivo, no puede lograrse hasta alcanzar
este punto de inflexión que está entre el 15% y 18% de penetración de mercado.
Y luego el sistema se inclina. Me encanta preguntar a los empresas: "¿Cuál
es la diferencia en nuevos negocios?" Todos contestan con orgullo:
"Oh, cerca del 10%". Bueno, uno puede alcanzar con el 10% de los
clientes. Todos tenemos cerca del 10% que simplemente "lo entiende".
Así es como los describimos. Es como ese pálpito: "Oh, ellos simplemente
lo entienden". El problema es: ¿cómo encontrar a los que lo entienden
antes de hacer negocios con ellos versus los que no lo entienden? Así que hay
una pequeña brecha que hay que cerrar. Como Jeffrey Moore la llama:
"cruzar el abismo". Porque, ya ven, la mayoría temprana no probará
algo hasta que otro lo haya probado primero. Y estos tipos, los innovadores y
los adoptadores tempranos, están cómodos tomando esas decisiones instintivas.
Se sienten más cómodos tomando esas decisiones intuitivas que son guiadas por
lo que ellos creen acerca del mundo y no por el producto que está disponible.
Esta es la gente que
esperó en línea seis horas para comprar un iPhone cuando salieron por primera
vez, cuando pudieron haber ido a la tienda la semana siguiente y comprarlo
allí. Esta es la gente que pagó 40.000 dólares por televisores de pantalla
plana cuando recién salieron a pesar que la tecnología no estaba a punto. Y, a
propósito, no lo hicieron porque la tecnología fuera genial. Lo hicieron por
ellos mismos. Porque querían ser los primeros. La gente no compra lo que uno hace;
compra el porqué lo hace. Y lo que uno hace simplemente demuestra lo que uno
cree. De hecho, la gente hará las cosas que demuestren sus creencias. La razón
por la que esas personas compraron el iPhone en las primeras seis horas parados
en línea durante seis horas, fue debido a lo que creían sobre el mundo y por
cómo querían que los demás los vieran. Fueron los primeros. La gente no compra
lo que uno hace; compra el porqué lo hace.
Así que permítanme
darles un famoso ejemplo, un fracaso famoso y un éxito famoso de la ley de
difusión de la innovación. Primero, el fracaso famoso. Es un ejemplo comercial.
Como dijimos antes, hace un segundo, la receta del éxito es el dinero, la gente
adecuada y las condiciones de mercado favorables. Correcto. Uno debería tener
éxito entonces. Miren TiVo. Desde su lanzamiento, hace unos ocho o nueve años
hasta nuestros días son el único producto de más alta calidad en el mercado,
eso no se discute. Tuvieron muy buena financiación. Las condiciones de mercado
eran fantásticas. Quiero decir, usamos TiVo como verbo. Yo "tiveo"
cosas en mi DVR Time Warner todo el tiempo.
Pero TiVo es un fracaso
comercial. Nunca han ganado dinero. Y cuando hicieron OPA (oferta pública de
acciones) sus acciones estaban en 30 ó 40 dólares y luego se desplomaron y ya
nunca superaron los 10. De hecho, creo que nunca superaron los 6, salvo en un
par de pequeños picos. Porque ya ven, cuando TiVo lanzó el producto nos dijeron
todo lo que tenía. Dijeron: "Tenemos un producto que pausa la TV en vivo
salta comerciales, retrocede la TV en vivo y memoriza los hábitos del
televidente sin que uno lo pida". Y la mayoría cínica dijo: "No les
creemos. No lo necesitamos. No nos gusta. Nos están asustando". Y si
hubieran dicho: "Si eres el tipo de persona al que le gusta tener control
total sobre cada aspecto de su vida, hombre, tenemos un producto para ti: pausa
la TV en vivo, salta los comerciales, memoriza tus hábitos de televidente, etc,
etc". La gente no compra lo que uno hace; compra el porqué lo haces. Y lo
que uno hace simplemente sirve como prueba de lo que uno cree.
Ahora déjenme que les dé
un ejemplo exitoso de la ley de difusión de la innovación. En el verano de
1963, 250.000 personas se hicieron presentes en el Paseo de Washington para oír
al Dr King. No mandaron invitaciones y no había sitio web para verificar la
fecha. ¿Cómo se hace eso? Bueno, el Dr. King no era el único gran orador en
EE.UU. No fue el único hombre de EE.UU. que sufrió la era previa a los derechos
civiles en EE.UU. De hecho, alguna de sus ideas eran malas. Pero él tenía un
don. No iba por ahí diciendo a la gente lo que tenía que cambiar en EE.UU. Iba
diciéndole a la gente en qué creía. "Yo creo, yo creo, yo creo", le
dijo a la gente. Y la gente que creía lo mismo que él tomó su causa y la hizo
propia, y la transmitían a la gente. Y algunas de estas personas crearon
estructuras para correr la voz a otras personas. Y he aquí que 250.000 personas
se hicieron presentes el día indicado, en el momento indicado, a oírlo hablar.
¿Cuántos fueron a verlo
a él? Ninguno. Fueron por sí mismos. Es lo que creían sobre EE.UU. lo que los
llevó a viajar en bus 8 horas a pararse bajo el sol de Washington a mediados de
agosto. Eran sus creencias, no un tema de negros contra blancos. El 25% de la
audiencia era blanca. El Dr King creía que hay dos leyes diferentes en este
mundo: la que emana de la autoridad divina y la de los hombres. Y sólo cuando
todas las leyes de los hombres sean consistentes con las leyes que emanan de la
autoridad divina viviremos en un mundo justo. Y resultó que el Movimiento de
Derechos Civiles era el instrumento perfecto para ayudarlo a darle vida a su
causa. Lo seguimos, no por él, sino por nosotros. Y, a propósito, él dio el
discurso "Tengo un sueño" y no el discurso "Tengo un plan".
Escuchen a los políticos
ahora con sus planes generales de 12 puntos. No inspiran a nadie. Porque hay
líderes y hay personas que lideran. Los líderes tienen una posición de poder o
de autoridad. Pero los que lideran, nos inspiran. Ya sea que se trate de individuos
u organizaciones seguimos a los que lideran, no porque tenemos que hacerlo sino
porque queremos hacerlo. Seguimos a quienes lideran, no por ellos, sino por
nosotros mismos. Y son los que comienzan con el "¿por qué?" que
tienen la habilidad de inspirar a quienes los rodean o de encontrar a otros que
los inspiren.
Muchísimas gracias.

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